Yaundé
Yaundé es la capital que trepa: siete colinas — la cuenta es cariñosa más que auditada — cargadas de ministerios, embajadas y árboles de mango a 750 metros, lo que le ahorra el vapor de la costa y le regala tardes que piden chaqueta liviana. Duala hace el comercio; Yaundé guarda el papeleo y la calma, y desde el monte Fébé al atardecer la colcha verde entera se despliega hasta el horizonte.
El viajero llena uno o dos días sin esfuerzo: la extraña y maravillosa catedral triangular de Notre-Dame des Victoires; el museo nacional en el viejo palacio presidencial; las colinas de Mvog-Betsi por la vista; Mokolo y el Marché Central por las telas y todo lo demás; y de noche la lección esencial — el bikutsi, el 6/8 galopante de las colinas beti, nació aquí, y los cabarets de Mvog-Ada lo enseñan cuando cierran los puestos de brochetas. El ndolé y el pescado a la brasa hacen el resto.
El consejo práctico de la Guía: los taxis amarillos compartidos son el torrente sanguíneo de la ciudad — pacte la tarifa antes de subir y disfrute la coreografía —; las colinas son caminata de verdad, así que dosifique la tarde; efectivo chico y frecuente; y para los viajes más allá de la capital, el extremo noroeste y el suroeste hablan con su propio clima estos años — el viajero prudente consulta el consejo vigente para esas regiones, mientras Yaundé conserva su calma administrativa.