Dzanga-Sangha
Dzanga-Sangha es un rincón de selva en el extremo suroeste de la República Centroafricana, sobre el río Sangha donde se juntan Camerún y el Congo, y guarda uno de los espectáculos del continente: Dzanga Bai, un claro de barro mineral en la selva donde, cualquier tarde, entre cincuenta y cien elefantes de bosque salen de los árboles a beber las sales, con bongos y cerdos rojos de río y sitatungas entre ellos, mirados desde una plataforma de madera por quien haya hecho el viaje. Cerca, en Bai Hokou, un grupo de gorilas de llanura occidental ha sido habituado durante años por rastreadores baaka — el pueblo de la selva cuyas cazas con redes, recolección de miel y cantos polifónicos son la otra razón para venir — y puede seguirse una hora por el sotobosque. Bayanga es la aldea del río con el lodge y la pista de aterrizaje; la reserva es un tercio del Sangha Trinacional que la Unesco inscribió en 2012 con Nouabalé-Ndoki al otro lado del río en el Congo y Lobéké en Camerún.
El viajero llega en el chárter de la reserva desde Bangui, dos horas sobre selva sin cortes, o por la larga carretera a través de Camerún, y se queda en el lodge sobre el Sangha; camina el último kilómetro hasta Dzanga Bai en silencio con un guardia y sube a la plataforma para sentarse la tarde entera mientras los elefantes van y vienen; sale al alba con los rastreadores baaka a buscar a los gorilas y se queda, cuando el grupo aparece, la hora que se permite; pasa una mañana con una familia baaka en la selva en una caza con redes o recogiendo miel, y una tarde con sus cantos; toma una piragua por el río; y, con los días que hacen falta, entiende por qué la gente que trabaja aquí rara vez se va.
La honestidad de la Guía, con suavidad: la paz de la república sigue siendo desigual — la reserva misma se ha mantenido, a través de todo, como uno de los lugares más seguros del país, pero el país cambia mes a mes, y el viajero prudente consulta con su cancillería, reserva a través del lodge o de un operador que conozca el terreno, y vuela en vez de manejar desde Bangui, si es que viaja —; la visita es cara, porque el chárter y la lejanía son reales; la selva es caliente, mojada y llena de cosas que pican — manga larga, el mosquitero, las pastillas —; la hora con los gorilas tiene reglas que protegen a los animales de las enfermedades humanas — un resfriado significa quedarse atrás —; los baaka son anfitriones y guías, no una atracción — pague a través del fondo comunitario y pregunte antes de fotografiar —; y los elefantes en el claro a las cuatro de la tarde son, para el viajero que llega, una de las grandes horas calladas de África.