Loango
Loango es el tramo de la costa de Gabón donde la selva baja caminando hasta el Atlántico y sus animales vienen con ella: elefantes de bosque en la playa al alba, búfalos pastando arriba de la línea de la marea, y — en la fotografía que hizo famoso el lugar — hipopótamos surfeando las rompientes, que no es una figura retórica. Mil quinientos kilómetros cuadrados de laguna, sabana, selva y cien kilómetros de arena vacía, fue uno de los trece parques nacionales que Omar Bongo declaró en un solo día en 2002, después de que Michael Fay terminara aquí su Megatransecta — cuatrocientos cincuenta y seis días caminando desde el Congo hasta esta playa — y lo llamara el último Edén. Las lagunas son las carreteras: Iguéla al norte, donde el Loango Lodge se asienta en la orilla y salen las lanchas; Louri al sur, con su campamento entre el agua y el mar; Ndogo más allá, hacia Sette Cama y Gamba; Akaka tierra adentro, un campamento en un río en una llanura que los elefantes llenan cuando sube el agua. Frente a la costa pasan las jorobadas de julio a septiembre; en las playas anidan las tortugas laúd de noviembre a febrero; y en la selva de atrás, desde 2016, un grupo de gorilas de llanura — el grupo Atananga, habituado por los investigadores del Max Planck durante diez años — deja que un puñado de visitantes se siente con ellos cada mañana.
El viajero vuela de Libreville a Port-Gentil y sigue en lancha o en chárter hasta la laguna, y le da a Loango lo que pide, que es tiempo: una mañana en el agua entre los hipopótamos y los martines pescadores; una caminata por la selva hasta la playa y a lo largo de ella, con un guía que lea las huellas — elefante, búfalo, sitatunga, a veces leopardo —; la lancha a Louri y una noche en el campamento con el mar de un lado y la laguna del otro; la hora con los gorilas, ganada con un madrugón y una caminata mojada; las ballenas desde la lancha en su temporada, y las tortugas de noche en la suya; y, si el agua está alta, la corrida tierra adentro hasta Akaka, donde el río se dobla entre los elefantes. Entre las estaciones llueve; el ecuador queda a cien kilómetros al norte; y nada aquí se hace rápido.
La honestidad de la Guía: Loango se compra como paquete — el lodge, los campamentos, los vuelos y los guías vienen juntos, el precio es el de un safari serio, y vale, porque no hay otro lugar así en la Tierra; Gabón pide visa electrónica, papeles de fiebre amarilla y profilaxis contra la malaria, y el país cambió de manos en agosto de 2023 sin un disparo, los parques siguieron trabajando, y el viajero prudente consulta condiciones de todos modos; los animales de la playa son salvajes y las distancias de los guías son la ley; los permisos de gorilas son pocos y se reservan con mucha anticipación, y la hora se pasa a siete metros y con mascarilla; la humedad es total, y las recompensas — un elefante entrando a la rompiente al amanecer, las ballenas resoplando más allá de las olas, la selva llegando al mar — son la razón por la que la Guía guarda esta página entre las más queridas del continente.