El Futa Yallon
El Futa Yallon es el techo verde de África Occidental: un altiplano de arenisca y laterita a mil o mil quinientos metros en el centro de Guinea, cortado por cañones y colgado de cascadas, donde nacen el Gambia y el Senegal y por el otro lado bajan los arroyos que alimentan al Níger — por eso a la región la llaman la torre de agua del oeste — y donde los fula, los peul, pastores y letrados, levantaron en el siglo XVIII un estado islámico cuya capital, Labé, sigue siendo el corazón de la región. El Futa del viajero es una hilera de paradas por una sola carretera: Dalaba, la estación de montaña francesa de villas de los años treinta y un jardín botánico a mil doscientos metros; Pita y sus cascadas, Kinkon y Kambadaga, cayendo por el borde de la meseta; Doucki, una aldea al borde de un cañón donde un hombre llamado Hassan Bah lleva veinte años caminando con visitantes por cornisas y gargantas; los mercados de índigo y wax de Labé; y, en el norte lejano, Mali-ville bajo el acantilado del monte Loura, la Dama de Malí, a mil quinientos quince metros el punto más alto de la meseta.
El viajero sube desde Conakry — un día largo en taxi compartido, por Mamou — y toma la meseta despacio, hacia el norte: dos noches en Dalaba por el fresco, el jardín y la villa donde descansaba el primer presidente; un día en Pita por las dos cascadas, con una moto y un guía; tres noches en Doucki, durmiendo en una choza y caminando con Hassan Bah — el cañón, las cornisas que los aldeanos llaman el sendero de Indiana Jones, las pozas —, que es la razón por la que viene la mayoría; Labé por una cama con agua caliente y el mercado; y, con tiempo y un buen vehículo, la carretera hasta Mali-ville y la subida al acantilado de la Dama por la meseta entera a los pies.
La honestidad de la Guía: Guinea es uno de los países menos visitados de África y el Futa muestra por qué y por qué no — las carreteras son lentas y rotas, los taxis compartidos van llenos y algunas semanas escasea la gasolina; la política del país está inquieta desde 2021 y el viajero debe leer los avisos y viajar con un guía local que sepa las noticias de la semana; la meseta en sí es pacífica, fresca y hospitalaria, y las aldeas peul reciben a los caminantes con un cuenco de leche y sin aspavientos; las cascadas están en su mejor momento en las lluvias, cuando las carreteras están en el peor — el intercambio es real; las noches son frías, el agua es la que tenga la aldea, y la red móvil va a saltos; y Doucki con Hassan Bah es una de las mejores caminatas de África Occidental, para el viajero que llega con paciencia, botas y una linterna frontal.