Tokeh y River No. 2
La península de Freetown es una montaña verde que cae al Atlántico al sur de la capital, y a lo largo de su pie occidental hay una hilera de playas por las que alguna vez pelearon los folletos: River No. 2, donde un río claro baja de la selva y cruza la arena blanca hasta el mar — la playa del anuncio de chocolatinas de los setenta, hoy administrada por su propia aldea; Tokeh, tres kilómetros de arena pálida bajo palmeras con el agua más calma de la península y su único resort de verdad; Bureh, donde el único club de surf del país presta tablas en una rompiente de punta al final de una aldea de pescadores; y, entre ellas y más allá, Lakka y Sussex y Hamilton, calas con piraguas y pescado a la parrilla, York y Kent, las viejas aldeas criollas, y, a veinte minutos en bote desde Kent, las islas Banana, donde no ha pasado gran cosa desde el siglo XVIII. Detrás de todo eso la selva del Área Occidental sube hasta Picket Hill, y guarda, cerca de Regent, el santuario de chimpancés de Tacugama.
El viajero cruza desde el aeropuerto de Lungi a Freetown en la lancha, y baja por la carretera de la península en un auto alquilado o en un poda-poda compartido — una hora hasta River No. 2, donde la aldea cobra una pequeña tarifa y el viajero nada donde el río se encuentra con el mar y come langosta bajo un cobertizo; duerme en Tokeh, en el resort o en uno de los alojamientos sencillos, y hace muy poco durante un día; sigue a Bureh por una clase con el club de surf y un plato de pescado en la caseta de la playa; visita a los chimpancés de Tacugama en las colinas, con cita; y toma el bote desde Kent a las islas Banana por una noche en una casa de huéspedes en Dublin, con las ruinas de un fuerte de la trata en el monte y un arrecife para hacer esnórquel desde la playa.
La honestidad de la Guía: Sierra Leona no es un país de resorts y la belleza de la península viene con las realidades del país — la carretera de la península está mala por tramos y peor en las lluvias, la luz son generadores, el agua es la que tenga el alojamiento, y el efectivo manda; las playas son seguras y las corrientes pueden ser fuertes, y no hay salvavidas — nade cerca de la gente; la lancha desde Lungi es la manera sensata de cruzar el estuario; la historia reciente del país es pesada y su gente es la razón para venir, abierta y divertida y contenta de verlo; el surf de Bureh es pequeño y amable y el club es una buena causa; y el viajero que esperaba el folleto encontrará algo mejor — una playa donde la aldea que la posee le ofrecerá una silla.