El Sudd
El Sudd es el lugar donde el Nilo se pierde: al norte de Juba el Nilo Blanco se sale de su cauce y se extiende sobre una llanura tan plana que se vuelve un pantano de papiro e islas flotantes de treinta mil kilómetros cuadrados en la seca y cuatro veces eso en la crecida — uno de los humedales más grandes de la Tierra, un laberinto de canales donde los vapores tardaban semanas en encontrar el camino y donde la mitad del agua del río simplemente se evapora hacia el cielo. Alrededor viven los dinka y los nuer con su ganado, en campamentos de humo de estiércol y canto por las orillas; sobre él vuelan el picozapato y un millón de pájaros más; por las llanuras de su este se mueven el kob de orejas blancas y el tiang en una de las mayores migraciones animales que quedan en el planeta, hacia Boma. Un canal pensado para drenarlo — Jonglei, doscientos sesenta kilómetros cavados en línea recta por el este — se detuvo en 1984 cuando empezó la guerra, y su máquina excavadora todavía se oxida donde quedó.
Cuando las puertas se abran, el viajero subirá desde Juba hasta Bor por la carretera y tomará un bote hacia los canales con un guía dinka o nuer que los conozca — un día o varios, acampando en las islas, mirando el papiro abrirse para un hipopótamo, el picozapato de pie como una estatua entre los juncos, los campamentos de ganado al atardecer con sus fuegos y sus cantos; volará o manejará, en la seca, hacia el este por la migración, que el país espera que un día encabece sus excursiones; y, si la vieja ruta de los vapores de Juba a Kosti vuelve a funcionar algún día, la tomará despacio hacia el norte hasta Malakal, por todo el pantano, que es la única manera en que estuvo pensado verse.
La honestidad de la Guía, que aquí es un voto hecho con suavidad: esta página es la más joven del libro, y la Guía la sostiene como se sostiene cualquier cosa joven — con las dos manos. La paz de Sudán del Sur sigue siendo desigual, el pantano tiene pocas carreteras y menos camas, y la Guía no envía viajeros adonde no pueda prometerles un camino de vuelta; el papiro y los pájaros y las manadas no necesitan visitantes para ser lo que son. Cuando las mañanas en el Nilo Blanco sean de los pescadores y los muchachos del ganado y de un bote que sale de Bor porque alguien quiere ir al norte, estas puertas se llenarán, y el Sudd encabezará los humedales de un continente. Hasta entonces: paciencia, lectura honesta y el respeto que se le debe a un pueblo que todavía escribe sus primeros capítulos en la dificultad. Las páginas jóvenes merecen estantes largos.