Hwange
Hwange es el parque más grande de Zimbabue y uno de los grandes países del elefante en África: catorce mil quinientos kilómetros cuadrados de arena del Kalahari, teca y mopane en el borde occidental del país, sin ríos propios — el agua se bombea, y se bombea desde que Ted Davison, el primer guardaparques, hundió los pozos en los años treinta — y unos cuarenta y cinco mil elefantes que se juntan en las lagunas en los meses secos en manadas que vienen a beber de a cientos al atardecer. Main Camp en el borde oriental, junto al ferrocarril y la aldea de Dete, tiene la plataforma de Nyamandhlovu sobre su laguna; el sureste tiene Ngweshla y las lagunas de Kennedy y los campamentos privados de las concesiones; Sinamatella se asienta en un risco sobre las colinas del norte; Robins y la presa de Mandavu son el noroeste; y las arenas del suroeste guardan los sables y los roanes. Es el parque de los licaones, cuyo centro de conservación está en Dete, y de Cecil, el león cuya muerte fuera de su límite en 2015 se oyó en todo el mundo; las cataratas Victoria quedan a dos horas al norte, Bulawayo a tres horas al sureste, y el tren entre las dos para en Dete.
El viajero viene desde las cataratas Victoria por carretera o en el vagón que corre hasta Dete, o vuela a las pistas de las concesiones, y le da a Hwange tres noches: una en Main Camp o en un lodge del borde oriental por la plataforma de Nyamandhlovu al atardecer, cuando los elefantes entran en fila desde la teca; una en un campamento con un escondite hundido junto a una laguna — una tarde a la altura de los ojos de una manada es el regalo del parque —; una mañana con el centro de los licaones; un recorrido al sur hasta Ngweshla y Kennedy por los leones y las jirafas en los vleis; y, con más, el norte — la vista de Sinamatella, los hipopótamos de Mandavu — al que pocos llegan.
La honestidad de la Guía: Hwange es seco, y su agua es una máquina — las bombas corren con diésel y sol y con las tarifas que pagan los visitantes, y un parque sin ellas se vaciaría en una estación, lo que el viajero entiende mientras mira las manadas; las carreteras son de arena y las distancias largas, así que los campamentos privados y sus vehículos se ganan su precio, mientras Main Camp y los lodges de parques nacionales guardan el extremo honesto; la estación importa más que en la mayoría de los parques — los meses verdes dispersan a los animales —; la bienvenida de Zimbabue está entre las más cálidas del continente y su moneda entre las más confusas, así que dólares en billetes pequeños; y una manada de doscientos elefantes llegando a una laguna en la última luz, vista desde un escondite a ras de suelo, es por lo que la Guía guarda esta página junto a la de Chobe.