Los Sundarbans
Los Sundarbans son un bosque que el mar visita dos veces al día: diez mil kilómetros cuadrados de manglar donde el Ganges, el Brahmaputra y el Meghna por fin se rinden y se trenzan en la bahía de Bengala, repartidos entre Bangladés e India, nombrados por el árbol sundari que los sostiene — y el único manglar de la Tierra donde vive el tigre, nada entre las islas, y se lleva, algunos años, a un pescador o a un recolector de miel, que llevan máscaras en la nuca porque el tigre ataca por detrás, y que rezan, antes de entrar, a Bonbibi, la señora del bosque, a quien hindúes y musulmanes le piden lo mismo. Alrededor del tigre: ciervos moteados, cocodrilos en el Sela, delfines en los canales, y un silencio roto por pájaros.
El viajero aborda una lancha en Khulna o en Mongla y le da al bosque tres días y dos noches sobre el agua, que es la única carretera; sale al alba en un bote pequeño con el motor apagado, cuando las orillas muestran sus huellas; camina la playa de Kotka con un guardabosques armado hasta la torre de vigilancia y los ciervos; llega a Hiron Point, el santuario del fondo del mundo; ve, en invierno, el pueblo temporal de los pescadores en Dublar Char secando la pesca en la arena; y, con toda probabilidad, no ve al tigre — que es como debe ser — pero oye, en la voz de cada guía, que el tigre los ve a ellos.
La honestidad de la Guía: los Sundarbans son un bosque de trabajo y uno frágil — las lanchas son básicas y compartidas, los mosquitos son un hecho, y las reglas del departamento forestal (guardabosques, permisos, no desembarcar sin escolta) son lo que mantiene vivos al tigre y al visitante —; un avistamiento es suerte, no un servicio, y cualquier operador que lo prometa está prometiendo lo equivocado; los ciclones que cruzan esta costa cada pocos años — Sidr, Aila, Amphan — son la razón de que el manglar le importe a Daca, y la razón de que se esté encogiendo; la miel y el pescado son el sustento de los aldeanos, no un espectáculo; y la temporada es de noviembre a febrero — el resto es monzón, barro y rejas cerradas. Vaya en bote, vaya en silencio, y deje que el bosque se quede con su gato.