Bali
Bali es la isla donde lo sagrado es infraestructura: veinte mil templos, ofrendas diarias en cada puerta — bandejitas de hoja de palma con flores, arroz e incienso que la isla entera saca antes del desayuno —, y un día al año, el Nyepi, cuando todo cierra incluido el aeropuerto y la isla se queda en silencio, para que los demonios que pasan volando no encuentren a nadie en casa. El volcán Agung vigila desde el noreste, y cada templo de Bali está construido mirándolo.
El viajero sensato parte la isla por altitudes: las costas para el surf y los atardeceres — el templo de Uluwatu en su acantilado, Tanah Lot parado en el mar al anochecer —; Ubud para las terrazas de arroz, los monos con ética de carterista y las largas mañanas verdes; el amanecer desde el borde del Batur para el que pueda y quiera; y las islas Nusa cuando la costa grande se siente llena. El sarong en las puertas de los templos no es una sugerencia; alquile uno y llévelo con gusto.
La honestidad de la Guía: el sur de Bali puede ser un solo trancón con una flor puesta — el alma de la isla vive pasando el segundo arrozal: vaya al norte, vaya al este —; las ofrendas en la acera son oraciones, no basura: rodéelas, nunca las pise; los monos de Ubud son profesionales, y las gafas, los aretes y los teléfonos son su salario; y el Nyepi no es un inconveniente sino la mejor lección de la isla — reserve para estar, y pase un día al año en el silencio.