Yakarta
Yakarta son treinta millones de personas sobre un delta que se hunde, y la ciudad más honesta del sureste asiático sobre lo que es una megaciudad: kampungs de lata y teja apretados contra torres de vidrio, un casco viejo holandés de bodegas y canales al que despacio le devuelven la forma a fuerza de cariño, un puerto donde goletas pinisi de madera todavía cargan a mano como en la ruta de las especias, un monumento nacional con una llama de oro sobre una aguja de mármol, y, frente a frente cruzando una calle, la mezquita más grande de la región y la catedral católica, que se prestan los estacionamientos en sus respectivas fiestas. El tráfico — el macet — es el clima de la ciudad; el metro nuevo es su esperanza; y la comida, a toda hora, es su premio.
El viajero empieza en Kota Tua un fin de semana por la mañana, cuando la plaza se llena de bicicletas alquiladas y sombreros de colores, ve los museos del viejo ayuntamiento y toma un café en el Café Batavia; camina a Sunda Kelapa por las goletas, altas y azules y cargadas a mano; sube al Monas por el infinito plano de la ciudad; ve Istiqlal, y después la catedral, y después las dos desde la calle; camina Menteng bajo sus árboles, el barrio frondoso donde están las villas; come en un warung, después en una hilera de puestos, después en un centro comercial, en ese orden de placer; y termina en SCBD o Kemang, adonde salen de noche el dinero y la música de la ciudad.
La honestidad de la Guía: Yakarta no es una ciudad fácil y no finge serlo — el tráfico es el peor de la región, las distancias son horas, y el viajero sensato planea por barrio y se mueve en MRT, en ojek (mototaxi) o por app —; las inundaciones de la temporada de lluvias son reales y el norte de la ciudad se hunde; el casco viejo es hermoso un domingo y polvoriento un martes; la comida callejera es soberbia y el agua de la llave no; y Yakarta es la puerta de un país de diecisiete mil islas — el jardín botánico de Bogor queda a una hora al sur, y todo lo demás a un vuelo. Dele dos días, y le devolverá bastante más que su reputación.