La Carretera del Pamir
La Carretera del Pamir es una carretera por el techo del mundo: la M41, construida por ingenieros soviéticos para mover soldados, corre desde Dusambé río Panj arriba — con Afganistán en la otra orilla, tan cerca como para saludar — pasando por Khorog, la pequeña capital ismailí del Pamir con su jardín botánico y su mercado del sábado de afganos cruzando el puente, y después sube, pasando el valle del Wakhan de fortalezas y aguas termales frente al Hindu Kush, a una meseta a cuatro mil metros donde Murghab es un pueblo de contenedores de barco y yaks, donde el paso de Ak-Baital llega a cuatro mil seiscientos cincuenta y cinco metros, donde Karakul es un lago en un cráter de meteorito, y donde los argalíes de Marco Polo todavía se paran en el horizonte antes de que la carretera baje a Kirguistán y a Osh.
El viajero alquila un Land Cruiser y un conductor en Dusambé o en Khorog, consigue el permiso GBAO, y le da a la carretera una semana: dos días Panj arriba hasta Khorog, con las aldeas de Afganistán pasando al otro lado del agua; una noche en el Wakhan por la fortaleza de Yamchun y las termas de Bibi Fátima; meseta arriba hasta Bulunkul, el lugar más frío del país, y Murghab, durmiendo en casas de familia con fieltro en el suelo y pan en la estufa; por el Ak-Baital por la mañana, cuando el cielo es más duro, hasta Karakul por el lago; y bajando por el Kyzyl-Art hacia el verde de Kirguistán, donde el primer árbol en una semana parece un milagro.
La honestidad de la Guía: el Pamir es alto, remoto y con pocos servicios — la altura es seria desde Murghab en adelante y la carretera no da tiempo de aclimatarse: duerma bajo primero, beba, y lleve las pastillas —; el permiso GBAO es obligatorio y la frontera con Afganistán implica retenes y, algunas temporadas, cierres — revise antes de comprometerse —; la carretera está rota por tramos y el conductor es el viaje: contrate uno que la conozca y páguele bien; las casas de familia son sencillas, cálidas y lo mejor del viaje; la temporada es de julio a septiembre y el resto es nieve; y la hospitalidad de los pamiríes es una ley de la montaña — el viajero que acepta el té, se sienta y no se apura ha entendido la carretera.