La Fortuna y el Arenal
La Fortuna es un pueblo pequeño con un volcán grande al final de su calle principal: el Arenal, 1.657 metros, el cono más perfecto de Centroamérica, que despertó en 1968 tras siglos de silencio, sepultó una aldea, y luego brilló y retumbó durante cuarenta y dos años mientras el pueblo de abajo convertía su calor en aguas termales y sus laderas en parque nacional. Está callado desde 2010; las termas no. Alrededor están el lago más grande del país, puentes colgantes por la selva, una catarata de setenta metros en un cañón, y los perezosos que hicieron del 'pura vida' una política nacional.
El viajero madruga, porque el cono se deja ver antes de que se junten las nubes, y recorre la carretera del lago por la vista; camina los puentes colgantes del bosque nuboso con binoculares para tucanes y perezosos; baja los quinientos escalones a la catarata de La Fortuna y nada en su poza; sube, si las rodillas lo permiten, el sendero del Cerro Chato hasta su laguna de cráter; y termina cada día en agua caliente — en el río de manantiales de Tabacón, en las piscinas de Baldi, o en el río termal gratuito junto a la carretera, donde los locales se remojan con una cerveza cuando empieza la lluvia.
El consejo práctico de la Guía: el volcán es un modelo tímido — reserve al menos dos noches para que una mañana clara sea probable —; las termas van de gratis a lujosas, y el río libre es una experiencia real, no un consuelo; la temporada verde es más verde, más barata y más mojada, con lluvia que llega puntual después del almuerzo; la carretera alrededor del lago hacia Monteverde es lenta y hermosa, y el atajo de bote y camioneta cruzando el lago es la forma inteligente; y todo pide bloqueador, luego impermeable, luego toalla, en ese orden.