San José
San José es la capital que todos atraviesan de camino a un volcán, lo cual es injusto y también comprensible: los volcanes están ahí mismo, enmarcando cada avenida. Pero la capital tibia del Valle premia al viajero que se detiene — con el mejor oro y jade precolombinos del continente bajo vidrio de museo, un teatro Belle Époque pagado con café, y un mercado donde la cosecha entera del país perfuma los pasillos.
El viajero sensato le da un día honesto: los palcos dorados del Teatro Nacional, el Museo del Oro bajo la plaza, un casado de almuerzo en el Mercado Central entre santos y puestos de especias, y la ruta del café de autor por Barrio Escalante al atardecer. Después, sí: el cráter del Poás una mañana, el paisaje lunar del Irazú otra — toda carretera lleva de verdad a un volcán.
La honestidad de la Guía: el pura vida es real y los precios también — Costa Rica es la cara de la región: presupueste en serio —; el centro se vacía y se apaga de noche: cena en Escalante o Amón, taxi entre ambos; y la ciudad es una base, no el destino: quiérala breve, y déjese tener por el país.