La Habana
La Habana es el gran teatro del Caribe, dando todavía la función del siglo con la escenografía original. Las olas revientan sobre el Malecón y caen sobre Chevrolets del 55; los salones se desmoronan en cámara lenta detrás de escaleras de mármol; y cuatro plazas coloniales sostienen el casco viejo como las esquinas de una cama. Aquí nada se restaura para parecer antiguo — simplemente nunca dejó de ser lo que es.
El viajero sensato camina La Habana Vieja plaza por plaza en la mañana — las olas de piedra de la Catedral, las cámaras del segundo piso en la Plaza Vieja —, le da la tarde al Malecón mientras la luz se dora rumbo al Morro, y la noche a la primera música que lo encuentre: no tardará. Duerma en casa particular; los anfitriones son la mejor guía del país.
La honestidad de la Guía: traiga efectivo y paciencia — las tarjetas son un rumor en muchas puertas, y la fila es deporte nacional —; la economía doble confunde a propósito: pregunte en su casa, no en la calle; y La Habana no es un museo con actores: es la capital de once millones de vidas reales. Curiosidad sí, espectáculo no.