Santo Domingo
Todo lo que las Américas llegarían a ser se ensayó primero en Santo Domingo: la primera catedral, la primera calle, la primera universidad, la primera plaza empedrada donde una corte virreinal chismeaba bajo estrellas del nuevo mundo. La Zona Colonial guarda esos cinco siglos a distancia de caminata, y alrededor ruge una capital caribeña de tres millones que nunca se detuvo a posar para la postal.
El viajero sensato le da a la Zona un día lento: la Catedral Primada, el Alcázar de Colón sobre el Ozama, la Calle de las Damas a la hora dorada, cuando las piedras devuelven el calor. Después, el pulso real de la ciudad: una Presidente helada de colmado al atardecer, el merengue y la bachata subiendo de cada puerta, el Malecón cuando la brisa del mar por fin gana.
La honestidad de la Guía: este es un viaje de ciudad, no de playa — la arena famosa queda a horas hacia el este, y mezclarlos les roba a ambos —; la Zona de noche es viva y caminable, pero es una isla de luz: quédese dentro de ella; y la música no es un show para usted — es el pulso de la ciudad. Baile mal, pero baile.