Grand Anse
Grand Anse son dos millas de arena de oro pálido que curvan por la costa suroeste de Granada, tan calmas y de pendiente tan suave que la isla entera acuerda que es la mejor playa que tienen, y deja de discutir: el agua es vidrio por la mañana, las uvas de mar y los almendros dan sombra, y St. George's, el pueblo de puerto más bonito del Caribe, queda justo pasado el promontorio. Sobre la playa el campus de la St. George's University se extiende por la colina, llenando los bares y las playas de estudiantes de cien países; detrás, la isla entera huele levemente a nuez moscada, de la que cultiva una quinta parte de la oferta del mundo.
El viajero nada Grand Anse por la mañana y de nuevo al atardecer; camina la arena hasta el mercado de artesanía y especias por azafrán, canela y mermelada de nuez moscada; toma el taxi acuático alrededor de la punta hasta St. George's por el Carenage, el fuerte y la plaza del mercado; hace esnórquel en el parque de esculturas bajo el agua de Molinère, donde figuras vaciadas de granadinos se paran en círculo sobre el fondo del mar; maneja tierra adentro al lago Grand Étang, las cascadas y una estación de nuez moscada; come un oil down, el plato nacional, de una olla al borde del camino; y, si viene a comienzos de agosto, se une al Spicemas, el carnaval que corre a jab-jab y acero.
La honestidad de la Guía: Grand Anse es pública y compartida — locales, estudiantes, huéspedes de hotel y pasajeros de crucero en días de puerto, que llegan por buses y se van a las cuatro —; la isla queda al sur de la ruta habitual de huracanes y aun así Iván la aplanó en 2004, así que de junio a noviembre es una temporada real; los buses son minivans con música, baratos y alegres, y los taxis tienen precio fijo por zona; el sol sobre la arena es más fuerte de lo que sugiere la brisa; y Granada es especia, no espectáculo — sus placeres son sin prisa y su gente sin prisa con ellos.