Cabo Haitiano
Cabo Haitiano fue la ciudad más rica del Caribe cuando se llamaba Cap-Français, capital de la colonia azucarera que hizo la fortuna de Francia y el 'París de las Antillas' de sus hacendados — hasta 1791, cuando los esclavizados se alzaron en la llanura de atrás y empezaron la única revolución de la historia que terminó en una república negra libre. Su cuadrícula de balcones de filigrana todavía mira a la bahía del norte; y en la montaña sobre Milot, el rey Henri Christophe construyó la respuesta para quienes quisieran volver: la Citadelle Laferrière, la fortaleza más grande de las Américas, terminada en 1820 con trescientos sesenta y cinco cañones que nunca tuvieron que disparar, y Sans-Souci, su palacio, a sus pies.
El viajero que viene — y esta página está escrita para el día en que venir sea seguro — camina las calles de balcones hasta la catedral y la Place d'Armes; va a Milot por las ruinas de Sans-Souci, y luego sube a caballo o a pie el camino empinado a la Citadelle, donde las balas de cañón se apilan en pirámides sobre las murallas y todo el norte queda abajo hasta el mar; nada en Cormier o en la caleta de Labadie; y come griot con arroz en un balcón mientras la bahía se dora. El norte fue más calmo que la capital en los años más duros; la fortaleza ha sobrevivido a todas las tormentas.
La honestidad de la Guía, sostenida con amor especial como para Puerto Príncipe: mientras esta postal se escribe, Haití vive uno de sus capítulos más duros, y el consejo honesto es la paciencia — no viaje mientras el país no pueda hospedarlo con seguridad, siga la palabra actual de las voces haitianas, y sepa que los vuelos directos al Cabo y la calma relativa del norte lo han hecho la puerta que más veces se reabre primero. Guarde esta página como promesa: la ciudad que respondió a su historia con la fortaleza más grande del hemisferio volverá a pedir visitantes, y los merecerá.