Puerto Príncipe
Port-au-Prince es la capital de la belleza terca del hemisferio: el portal de la primera república negra, donde pintar es un hábito público, los tambores llevan calendarios más antiguos, y las mansiones gingerbread se inclinan como abuelos elegantes que se niegan a sentarse. La historia ha golpeado a esta ciudad más fuerte y más seguido que a casi cualquier otra — y su respuesta, todas las veces, ha sido el arte.
Cuando la ciudad puede recibir, sus regalos son exactos: los escultores de la Grand Rue armando espíritus con piezas de motor; las arcadas de hierro rojo del Marché en Fer; el rock vudú de RAM sacudiendo el viejo Hotel Oloffson los jueves; el ron Barbancourt añejado como discusión de familia, y encima de todo las galerías y terrazas más frescas de Pétion-Ville.
La honestidad innegociable de la Guía: mientras esta postal se escribe, Port-au-Prince vive uno de sus capítulos más duros, y el consejo honesto es la paciencia — no la visite mientras no pueda hospedarlo con seguridad; siga la palabra actual de las voces haitianas, apoye a sus artistas desde donde esté, y guarde esta página como promesa: la ciudad que todo lo responde con arte volverá a pedir visitantes.