Ciudad de Panamá
Ciudad de Panamá es la única capital donde se puede ver un portacontenedores deslizarse frente al horizonte durante el desayuno y oír monos aulladores en un parque de selva antes del almuerzo. El istmo la hizo bisagra del mundo dos veces — primero para el oro español, después para el Canal — y ella carga ambas fortunas: un casco colonial en una punta de la bahía, una muralla de torres de vidrio en la otra.
El viajero sensato empieza en Miraflores para ver a las esclusas levantar un barco como juguete de bañera; camina el Casco Viejo a la hora dorada entre balcones, plazas y azoteas; y guarda una mañana para el Parque Metropolitano o el causeway de Amador, donde la ciudad prueba que la selva y el skyline caben en una misma postal. El ceviche del mercado de mariscos cierra cualquier discusión.
La honestidad de la Guía: el calor es un horario, no una sorpresa — camine temprano, museo al mediodía, casco al atardecer —; el taxi se negocia antes de arrancar, las apps no; y el Canal vale de verdad su cliché: vaya de todos modos, y vaya temprano, cuando los tránsitos grandes se apilan y a los guías todavía les queda voz.