Nevis y Charlestown
Nevis es un solo cono verde que sale del mar, con el pico casi siempre vestido de la nube que le dio nombre a la isla — la 'Nuestra Señora de las Nieves' de Colón — con una villa georgiana de piedra y madera a su pie occidental y, alrededor de sus faldas, las haciendas azucareras que se volvieron las posadas más elegantes del Caribe. Charlestown es donde nació Alexander Hamilton, en una casa que hoy es el museo de la isla; Montpelier es donde Nelson se casó con Fanny Nisbet en 1787; el Bath Hotel, de 1778, fue el primer hotel del Caribe y todavía humea. Nada aquí se apura, incluidos los monos verdes.
El viajero cruza desde St. Kitts en el ferry o en el taxi acuático por los Narrows; camina la pequeña cuadrícula de Charlestown hasta la casa de Hamilton y el mercado del sábado; nada en Pinney's Beach y toma un Killer Bee en la caseta de Sunshine's; se remoja en el manantial caliente bajo el Bath Hotel; cena en una posada de plantación — Montpelier, el Hermitage, Golden Rock — bajo árboles de caoba; visita el jardín botánico; y, si las piernas y el clima acuerdan, sube el Nevis Peak con guía, una mañana empinada, embarrada y con cuerdas que termina, en el raro día claro, con todas las Islas de Sotavento abajo.
La honestidad de la Guía: Nevis es callada por diseño y cara por herencia — las posadas son la experiencia y cobran como tal, y las casas de huéspedes de la villa son la alternativa modesta —; la subida al Pico es dura de verdad y quiere guía y clima seco, no un capricho; los monos son encantadores y ladrones; los taxis tienen precio fijo y los conductores son historiadores; y la calma de la isla es el punto — quien quiera un Strip debe quedarse del otro lado del agua, en St. Kitts, y visitar por el día.