Bequia
Bequia es la primera y la más querida de las Granadinas: una isla de siete millas cuadradas a una hora en ferry de San Vicente, cuya gente ha construido botes durante dos siglos — balleneras, goletas, y ahora los exquisitos barcos a escala de los hermanos Sargeant — y cuyo puerto, Admiralty Bay, es donde los yates de la temporada caribeña vienen a fondear y, como dicen los isleños, a aprender modales. Port Elizabeth se enrosca en el fondo de la bahía con el paseo de Belmont al borde del agua; las playas quedan justo al sur; y el ritmo es el de un lugar que nunca necesitó un aeropuerto de tamaño alguno.
El viajero llega en el ferry de la mañana y camina el malecón hasta los talleres de barcos a escala; nada en Princess Margaret Beach y en Lower Bay, a las que se llega por el sendero sobre el promontorio o en taxi acuático desde el muelle; sube a Fort Hamilton por la bahía al atardecer; visita Old Hegg, donde un pescador retirado cría tortugas carey y las libera; come langosta en temporada y pescado todos los días en las mesas al aire libre de la bahía; y, si viene en Pascua, mira a la regata llenar el puerto de botes locales de doble proa y yates visitantes por igual.
La honestidad de la Guía: Bequia guarda una tradición ballenera — una cuota pequeña de subsistencia, tomada a mano desde botes abiertos — que algunos visitantes encuentran dura y que la isla considera suya; el ferry desde Kingstown es la forma honesta de llegar y corre con un horario que el mar a veces revisa; la isla es pequeña y sin prisa, y su encanto es exactamente ese, así que traiga un libro; la temporada de yates llena los bares de diciembre a abril y los vacía después; y las Granadinas de más allá — Mustique, Canouan, los cayos Tobago — están a un día de vela y a otro presupuesto.