San Fernando
San Fernando es la segunda ciudad de Trinidad y su sur industrial — 'Sando' para todo el mundo — un pueblo de colinas sobre el golfo de Paria que creció con el azúcar, luego con el petróleo de Pointe-à-Pierre, y que guarda, bajo su superficie de trabajo, las tertulias más cálidas de la isla: un lime es el arte trinitario de juntarse a hablar, comer y no hacer nada en particular, largamente. La colina Naparima, canteada hasta la mitad y hoy parque, mira al golfo; el Harris Promenade tiene la biblioteca Carnegie y la vieja estación del tren; y el sur indotrinitario de alrededor — Debe, Penal, Princes Town — es la mejor mesa del país.
El viajero sube la colina de San Fernando por la vista del golfo y todo el sur plano; camina el Promenade y Coffee Street; maneja a Debe por doubles al borde de la carretera — el desayuno de pan frito y garbanzo de la isla en su capital —, y por saheena y baiganee en los puestos; visita el Wild Fowl Trust, un santuario de aves en las lagunas de la vieja refinería, donde el ibis escarlata y los patos silvestres anidan entre los tanques; va treinta minutos al sur al Lago de Brea en La Brea, el mayor depósito natural de asfalto de la Tierra, que pavimentó medio mundo; y, en temporada de Carnaval, le da una noche a los escenarios de Skinner Park, donde se coronan los reyes del chutney soca.
La honestidad de la Guía: San Fernando es un pueblo de trabajo con ritmos y preocupaciones de pueblo de trabajo — no es un balneario y no lo intenta —; el Carnaval del norte es más grande, pero el del sur es propio y más barato; la refinería cerró en 2018 y el pueblo lo sintió, y la bienvenida no cambió; los taxis son compartidos y baratos y es mejor preguntar en la parada; los doubles se comen de pie, a cualquier hora, con el picante 'slight' salvo que uno sea valiente; y un lime no se reserva, solo se une.