Brujas
Brujas es una ciudad medieval dentro de un huevo: el canal de ronda que sigue la línea de las murallas de 1300 encierra una ciudad que el dinero de la lana y la banca del siglo catorce construyó y que el encenagamiento de su puerto, un siglo después, congeló en su sitio — de modo que el Belfort todavía se para sobre el Markt con sus trescientos sesenta y seis escalones, la basílica todavía guarda su reliquia en el Burg, la Madonna de Miguel Ángel todavía se sienta en la iglesia de Nuestra Señora, y los cisnes todavía se deslizan por el Minnewater junto al silencio blanco del Beguinaje. La UNESCO listó el conjunto en 2000; los excursionistas lo habían descubierto antes.
El viajero sube al Belfort temprano por los techos; camina el Burg y el Rozenhoedkaai, la vista que toma cada cámara; toma el bote por los canales interiores por la media hora que muestra la espalda de las casas; visita los Memling en el hospital de San Juan y la Madonna en Nuestra Señora; se sienta en el patio del Beguinaje; camina la muralla del este hasta los molinos; come un gofre de pie y un guiso sentado, y toma una cerveza hecha dentro de las murallas; y, sobre todo, se queda a dormir — cuando los buses se van a las cinco, la ciudad que queda es la que construyeron los banqueros.
La honestidad de la Guía: Brujas es pequeña y recibe millones, y entre las once y las cuatro en temporada alta puede sentirse como un decorado — la respuesta es la noche, la mañana temprano, el día de semana y las calles a dos vueltas del Markt, donde la ciudad vive —; el chocolate es soberbio y las tiendas que lo venden son de toda calidad, así que elija por el olor; los adoquines no dan tregua; una bicicleta hasta Damme por el canal es la mejor hora fuera de las murallas; y la belleza de la ciudad no es un truco — está simplemente preservada, y premia a quien baja a su velocidad.