Cricova
Cricova es una ciudad sin cielo: ciento veinte kilómetros de calles a sesenta u ochenta metros bajo los viñedos al norte de Chișinău, cortadas en la caliza que construyó la capital y rellenadas, desde 1952, con vino. Las calles tienen nombre — Cabernet, Feteasca, Aligoté, Pinot — y señales de tránsito, y se recorren en carro, porque a pie tomarían días; la temperatura es de doce grados en cualquier mes; la humedad es exactamente la que quiere una botella; y en las galerías más hondas la Colección Nacional guarda un millón trescientas mil de ellas, incluida la bodega que Hermann Göring reunió y el Ejército Rojo se trajo de Berlín. Yuri Gagarin la visitó en 1966 y, dicen los guías, tardó dos días en encontrar la salida.
El viajero reserva la visita, maneja los quince kilómetros desde la capital, y lo suben a un trencito eléctrico o a un carro en la entrada; recorre las avenidas de barricas, aprende la diferencia entre el espumante hecho a la manera clásica en la roca y los vinos tranquilos descansando en roble, ve la colección tras sus rejas y las bodegas privadas de los presidentes; y termina en una de las salas de degustación — la Sala Fundul Mării, el Fondo del Mar, con sus conchas en la piedra, es la que hay que desear — con cinco copas y un plato de brânză. Arriba, las viñas que lo hacen, y, una hora al suroeste, Mileștii Mici, la otra ciudad subterránea, con doscientos kilómetros de túneles y un certificado Guinness.
La honestidad de la Guía: Cricova es una bodega en funcionamiento y un tesoro del Estado, y la visita es solo con reserva, en grupos, a un precio fijo que incluye la degustación — reserve con días, más en octubre —; doce grados son frío después de una hora: lleve el abrigo que no creyó necesitar; la degustación es generosa y la carretera de vuelta es una carretera moldava — consiga conductor, o el bus y un taxi desde Chișinău —; los vinos son muy buenos y muy baratos en la tienda de la salida, y más pesados en la maleta de lo que parecen; y Moldavia es uno de los países menos visitados de Europa y uno de los más cálidos — los túneles son la excusa, el país es la razón.