Skopie
Skopie son dos ciudades cosidas por un puente del siglo quince: al norte del Vardar, el Viejo Bazar sigue en sus asuntos otomanos — cobreros, parrilleros, té en vasos de tulipán — como hace quinientos años; al sur, un proyecto de gobierno llenó el centro de fuentes, leones de bronce y estatuas en una densidad que hace reír a los visitantes y encogerse de hombros a los locales. Entre ambas está el Puente de Piedra, paciente como siempre, y sobre todo la Cruz del Milenio en el Vodno, visible desde cualquier discusión.
El viajero sensato le da la mañana a la Čaršija — burek y café, las murallas del Kale, la mezquita pintada de Mustafa Pasha —, cruza el Puente de Piedra a contar guerreros y fuentes con ojo divertido, toma el almuerzo largo en Debar Maalo donde el humo de parrilla es un atributo municipal, y se escapa por la tarde al cañón de Matka, a veinte minutos, donde el lago se desliza entre acantilados y la ciudad se vuelve de pronto teórica. La Madre Teresa nació aquí; su casa memorial es un contrapunto callado en el centro.
La honestidad de la Guía: el programa de estatuas se disfruta mejor como ópera — discútalo como un local, con rakija —; el terremoto de 1963 se llevó el centro viejo, y por eso el reloj de la estación marca todavía las 5:17: el Viejo Bazar es la verdad sobreviviente, dele las mejores horas; y el teleférico del Vodno hasta la cruz cuesta poco y paga el valle entero.