La Torre Guaita
La Guaita es la primera de las tres torres en la cresta del monte Titano y la más vieja, construida en el siglo XI directamente sobre la roca, y durante casi toda su vida fue una prisión; hoy es la postal de la república más antigua de la Tierra. Desde sus murallas la cresta corre al sur hasta la Cesta, la torre más alta, a setecientos cincuenta y seis metros, y más allá hasta el Montale, la tercera, cerrada y pequeña, y en los días claros el Adriático es una línea de plata a veinte kilómetros al este. Bajo las torres la Città trepa en escalones de piedra pálida — el Palazzo Pubblico, la basílica, las tiendas que venden todo lo que el país de alrededor grava — y al pie de la montaña Borgo Maggiore guarda el mercado y la funivia que hace la subida en dos minutos.
El viajero sube en la funivia desde Borgo Maggiore por el drama de la llegada; camina hasta la Guaita y la sube por la vista sobre la república entera — sus sesenta y un kilómetros cuadrados — y los vencejos girando desde el acantilado; toma el Passo delle Streghe, el Paso de las Brujas, por la cresta hasta la Cesta y su museo de armas antiguas; sigue hasta el Montale por el horizonte y vuelve; mira el cambio de guardia en la Piazza della Libertà en verano; come una piadina y no compra nada, o una estampilla; y se queda para la noche, cuando los buses bajaron y las torres están iluminadas y la montaña está casi vacía.
La honestidad de la Guía: San Marino es un país de verdad y una excursión de verdad, y entre las once y las cuatro del verano se siente más lo segundo — venga temprano, o duerma aquí, que casi nadie lo hace —; las torres cobran un boleto combinado que es justo; el Paso de las Brujas tiene precipicios del lado este y por tramos no tiene baranda — cuidado con niños y viento —; las tiendas libres de impuestos son la otra industria de la república y nadie lo va a juzgar; la funivia es la manera de subir y de ver la muralla desde abajo; y la república emite sus propias monedas de euro y estampillas y ofrece un sello de pasaporte en la oficina de turismo, que es opcional, cuesta tres euros, y es la única frontera que tiene este país.