Edimburgo
Edimburgo son dos ciudades sobre dos geologías: la Ciudad Vieja, una espina medieval a lo largo de una cresta volcánica desde el Castillo en su roca bajando la Milla Real hasta Holyrood, con closes — callejones angostos — que caen a cada lado en una maraña de escaleras y piedra; y la Ciudad Nueva, la cuadrícula georgiana de 1767 tendida sobre el valle al norte, donde la Ilustración vivió en plazas simétricas. Entre ambas hay un lago drenado vuelto jardín; sobre todas se levanta Arthur's Seat, un volcán extinto dentro de la ciudad; y cada agosto el conjunto entero se vuelve el festival de artes más grande de la Tierra.
El viajero camina la Milla Real desde el Castillo — el cañón de la una, las Joyas de la Corona, la vista — bajando por St Giles y los closes hasta el palacio y el Parlamento de Holyrood; sube Arthur's Seat por la ciudad y el fiordo; cruza a la Ciudad Nueva por Charlotte Square, las galerías y los bares de whisky de George Street; sube Calton Hill al anochecer por los monumentos y la luz; se sienta en el Grassmarket bajo el muro del castillo; y, en agosto, se entrega por completo al Fringe, tres mil funciones en cada cuarto que tenga una puerta.
La honestidad de la Guía: agosto duplica la población y triplica los precios — reserve con meses o venga en junio o septiembre, cuando la luz es larga y las calles son suyas —; el clima hace las cuatro estaciones antes del almuerzo, y un buen abrigo vale más que un paraguas con el viento; las colinas son colinas de verdad y los closes son empinados, así que los zapatos importan; la ciudad se camina de punta a punta y los buses son excelentes; y Hogmanay es de verdad el Año Nuevo del mundo, y se agota.