Alepo
Alepo es una de las ciudades más viejas del mundo que nunca ha dejado de ser ciudad, y una de las más heridas: la Ciudadela en su montículo en el medio, un palacio-fortaleza ayubí al que se entra por un puente de piedra y por una puerta que aguanta desde el siglo XII; la Gran Mezquita Omeya a su pie, cuyo minarete selyúcida de 1090 cayó en los combates de abril de 2013 y se levanta de nuevo piedra a piedra numerada; el zoco de Al-Madina, trece kilómetros de callejones cubiertos que ardieron en 2012 y cuyos khanes y pasajes — Al-Saqatiyya, Khan al-Wazir — vienen reabriendo desde 2018, con el jabón de laurel y los pistachos de vuelta en los mostradores; la torre del reloj de Bab al-Faraj; la puerta occidental de Bab Antakya; el barrio cristiano de Jdeideh con sus casas otomanas; y el hotel Baron de 1911, donde Agatha Christie escribió y la cuenta impaga de Lawrence cuelga enmarcada, todavía en pie. El este de la ciudad fue destruido en la guerra de 2012 a 2016 y se vuelve a habitar; el terremoto de febrero de 2023 sacudió la Ciudadela; y desde el invierno de 2024, cuando la larga guerra de Siria pasó una página, la puerta del país está entreabierta y los primeros viajeros han vuelto a cruzarla.
Cuando la puerta abra más, el viajero subirá desde Damasco en cinco horas, o cruzará desde Turquía, y le dará a Alepo los dos días que siempre mereció: la Ciudadela por la mañana — el puente, la puerta, la sala del trono, la vuelta por las murallas con toda la ciudad y sus heridas tendidas abajo —; el patio de la mezquita y el minarete que se alza; el zoco callejón por callejón mientras reabre, el patio de un khan, una barra de jabón de laurel; kebab halabi y muhammara en una mesa que los sirve desde hace un siglo; las iglesias de Jdeideh y la Beit Ghazaleh; el bar del Baron por una copa entre los fantasmas; y el Museo Nacional cuando sus puertas estén abiertas — con un guía local que cuente lo que fue y lo que es, porque en Alepo las dos cosas son la misma calle.
La honestidad de la Guía, con esperanza: la larga guerra de Siria pasó una página y la puerta está entreabierta — los viajeros han empezado a volver, con cautela y con guías locales, y Alepo los recibe con una calidez que ha sobrevivido a todo —; el viajero prudente consulta condiciones con su cancillería la semana en que va, entra con un operador autorizado o un guía local de confianza, se ciñe a la ciudad vieja y al día, y lee el terreno como esté ese mes; el daño de la ciudad está en todas partes y no se esconde, y el viajero que viene ahora viene tanto de testigo como de huésped; la reapertura del zoco es la mejor noticia que el Levante ha tenido en años; y la Guía, que sostuvo la página de Damasco con el mismo registro, sostiene la de Alepo con la misma esperanza, y la guarda lista.