Estambul
Estambul es la única ciudad de la Tierra que mantiene un pie en dos continentes, y lleva veintiséis siglos negándose a elegir. Bizancio, Constantinopla, Estambul — capital de dos imperios y puerta de un tercero — recuesta sus cúpulas y torres sobre siete colinas mientras el Bósforo corre por el medio como un corredor de plata, con ferris cosiendo Europa con Asia cada pocos minutos por el precio de un té.
El viajero le da a la península histórica lo suyo — Santa Sofía, quince siglos de audacia de ingeniería vistiendo cuatro minaretes; la Mezquita Azul cruzando la plaza; las cisternas abajo y las cuatro mil puertas del Gran Bazar más allá — y luego se gana el título verdadero de la ciudad: un ferry a Kadıköy con simit en mano y gaviotas negociando encima, almuerzo en la orilla asiática, la torre de Gálata al anochecer, y un sándwich de pescado donde el Cuerno de Oro encuentra el estrecho.
El consejo práctico de la Guía: cargue una Istanbulkart y deje que tranvías y ferris hagan el trabajo — el tráfico es el único tirano verdadero de la ciudad —; vista para las mezquitas con hombros y rodillas cubiertos, con pañuelos prestados en las puertas; regatee en el bazar como teatro, no como guerra; reserve las horas de Santa Sofía con anticipación en temporada alta; y ríndase al menos una noche a la mesa larga de meze de una meyhane, donde la ciudad practica su arte más viejo: hacer que los extraños se queden hasta tarde.