Abu Dabi
Abu Dabi es la capital que el ruido de Dubái deja olvidar, y es la más callada y, en dos edificios, la mayor de las dos: la Gran Mezquita Sheikh Zayed, terminada en 2007 en la entrada sur de la isla — ochenta y dos cúpulas de mármol blanco, un patio de flores incrustadas, la alfombra anudada a mano más grande y una de las lámparas más grandes de la Tierra, abierta a todos y en su mejor momento cuando se encienden los reflectores al atardecer —, y el Louvre Abu Dabi en la isla de Saadiyat, abierto en 2017 bajo la cúpula perforada de Jean Nouvel, donde la luz cae en una lluvia de estrellas sobre una colección que pone las civilizaciones del mundo una junto a otra. Alrededor, la ciudad en su isla: la Corniche, ocho kilómetros de paseo a lo largo del Golfo; Qasr Al Hosn, el fuerte de los años 1760 que fue el pueblo, restaurado como su memoria; el Emirates Palace y Qasr Al Watan, el palacio presidencial abierto a los visitantes en 2019; las torres Etihad; los manglares del canal del este adonde van los kayaks; las torres financieras de Al Maryah; y, al otro lado del agua, la isla de Yas con Ferrari World, el circuito de la F1 y los parques temáticos, y la playa de Saadiyat. El oasis de Al Ain queda a hora y media tierra adentro, las dunas de Liwa a dos horas al sur, Dubái a hora y media costa arriba.
El viajero llega por el aeropuerto del lado de Yas o sube desde Dubái, y le da a la capital dos días: la Gran Mezquita en la última hora de la tarde — cubierto como pide el mostrador, sin zapatos, el patio, la sala de oración, la alfombra — y otra vez desde afuera cuando llegan las luces; el Louvre a la mañana siguiente, tres horas bajo la cúpula y un café sobre el agua; la Corniche a pie o en bicicleta al atardecer, desde el Memorial del Fundador hasta el rompeolas; Qasr Al Hosn y su historia; el mármol de Qasr Al Watan; un kayak entre los manglares al alba o una tarde de playa en Saadiyat; y, para quien guste, Yas — la montaña rusa más rápida de la Tierra, o la noche del circuito. La cena es emiratí en una mesa de herencia o cualquier cosa de la Tierra en los hoteles.
La honestidad de la Guía: Abu Dabi es una ciudad de carro y sus distancias son reales — la mezquita, el Louvre y Yas quedan a veinte minutos entre sí en taxi, y los taxis son honestos y con taxímetro —; el verano es para los museos y los centros comerciales; el código de vestir de la mezquita es exacto y se presta en la puerta, y las fotos son bienvenidas; el emirato es seguro, ordenado y caro en los hoteles y barato en las cafeterías donde come la ciudad; y la mezquita al atardecer, blanca volviéndose oro volviéndose azul con los estanques reflejándola, es una de las grandes vistas construidas en este siglo, que es por lo que la Guía guarda esta página junto a la de Dubái, y un poco por encima.