La Gran Barrera de Coral
La Gran Barrera de Coral es la estructura viva más grande de la Tierra y la única visible desde la órbita: dos mil trescientos kilómetros de coral a lo largo de la costa de Queensland, dos mil novecientos arrecifes separados y novecientas islas entre la punta del cabo York y Bundaberg, sitio del Patrimonio Mundial desde 1981 y el país de mar de más de setenta pueblos aborígenes y de las islas del estrecho de Torres que lo pescan hace sesenta mil años. No es un lugar sino una costa de lugares: desde Cairns y Port Douglas los catamaranes salen hora y media hasta los pontones de los arrecifes Moore y Agincourt en el borde exterior, donde el agua cae al mar del Coral; Green Island está a cuarenta y cinco minutos de Cairns y Fitzroy a una hora; Lizard Island, al norte, queda junto al Cod Hole y los Ribbon Reefs, adonde las ballenas minke enanas vienen a mirar a los nadadores en junio y julio; las Whitsundays, al sur, son setenta y cuatro islas y la sílice blanca de Whitehaven Beach, con las jorobadas entre julio y septiembre; y en el extremo sur, Heron Island y Lady Elliot son cayos de coral donde las tortugas suben la arena a poner entre noviembre y marzo y las mantas giran abajo.
El viajero duerme en Cairns o Port Douglas, o en una isla, y le da al arrecife al menos un día en el borde exterior — el pontón de Agincourt o Moore para el esnórquel y el bautizo de buceo, o, mejor, un barco chico que se mueva entre tres sitios en el día; una noche o dos en Lizard, Heron o Lady Elliot por el arrecife en la puerta y el esnórquel del alba; las Whitsundays en velero, dos noches, Whitehaven y Hill Inlet con la marea baja; y, si bucea, tres o cuatro noches en un barco de vida a bordo a los Ribbon Reefs y el Cod Hole, o un día al SS Yongala frente a Townsville, que está entre los grandes naufragios del mundo. En la costa, la selva del Daintree se encuentra con el arrecife en el cabo Tribulación, y el tren de Kuranda y el Skyrail suben a la meseta detrás de Cairns.
La honestidad de la Guía: el arrecife se ha blanqueado en eventos masivos en 2016, 2017, 2020, 2022 y 2024 — cinco en ocho años, empujados por el calor del mar — y hay tramos grises donde había color; está vivo, y en muchos arrecifes sigue siendo asombroso, pero está herido, y la Guía no lo venderá como intacto; el viajero que quiera verlo debe ir, elegir operadores que trabajen con la Autoridad del Parque Marino y con los dueños tradicionales, e ir sin ilusiones; la temporada de las medusas va de noviembre a mayo y los trajes no son opcionales; los ciclones llegan en los mismos meses; el arrecife es un cruce de dos horas sobre un mar que se mueve para quien lo sienta; y el borde exterior un día quieto de julio, con la pared de coral cayendo al azul y una minke girando a mirar, es todavía, con todas sus heridas, una de las grandes vistas de este planeta.