Tarawa del Norte
Tarawa del Norte es la otra mitad del atolón — la hilera de islotes que sube por el brazo este de la V de Tarawa desde el puente de Buota hasta la punta de Naa, treinta kilómetros de coral, palmeras y orilla de laguna donde seis mil personas viven en aldeas a la manera antigua, mientras Tarawa del Sur, el brazo apretado de abajo, junta sesenta mil en una franja de calzadas desde Betio hasta el aeropuerto de Bonriki. Aquí los islotes están separados por canales que se llenan y vacían con la marea, cruzados en lancha o vadeados con el agua baja; las aldeas — Abatao, Tabiteuea, Abaokoro con el consejo de la isla y la clínica, Buariki, la última grande antes de la punta — son casas de palma sobre la laguna, plataformas bwia sobre el agua para la tarde, el maneaba en el centro donde se sientan los mayores, la iglesia, y los cortadores de toddy trepando las palmeras al alba y al anochecer; y el viajero duerme en un kiakia, una casa de huéspedes de aldea de palma y esteras, con el pescado y la fruta del pan de la familia. Kiribati son treinta y tres atolones en un océano del tamaño de un continente, a caballo del Ecuador y de la línea de la fecha; el mar sube contra él, y las mareas reales entran a las casas del sur; y en Betio, en la punta oeste del sur, la memoria de noviembre de 1943 — las setenta y seis horas de la batalla de Tarawa, más de seis mil muertos, americanos, japoneses y coreanos, en un lugar del tamaño de un parque — se guarda en los búnkeres, los cañones y los memoriales, y la Guía la guarda en la página que escribió para Betio, en dignidad.
El viajero llega en el vuelo de Fiji Airways desde Nadi, o desde Nauru o las Marshall, duerme una primera noche en Tarawa del Sur, y cruza al norte por el puente de Buota y una lancha o un camión a lo largo de los islotes, con una estadía arreglada en un kiakia de aldea a través del consejo o de la oficina de turismo — una noche o dos en Abaokoro o Buariki, con el horario de la marea en la mano para vadear los canales; la laguna al alba y el arrecife del océano con la marea baja; el toddy y el te bua, los cantos del maneaba, si lo invitan; la iglesia el domingo; y, de vuelta en el sur, una mañana en los memoriales de Betio y una caminata por la calzada al atardecer cuando todo el atolón sale. El viajero que quiera una isla exterior del todo toma la avioneta a Abaiang o Marakei, una hora de coral y azul.
La honestidad de la Guía, sostenida con especial cariño: Tarawa del Norte no es un resort y no quiere serlo — los kiakias son palma y esteras, el agua es la que guarda el tanque, la comida es pescado, coco, fruta del pan y arroz, y el día es de la marea y del sol; el viajero llega con efectivo en dólares australianos, respeto por el maneaba y por el domingo, ropa modesta y tiempo; los vuelos son pocos y cambian; Tarawa del Sur está apretada y su agua y sus playas no están limpias, y el viajero que se queda ahí se queda con los ojos claros; el mar es la pregunta del país, y Kiribati ha comprado tierra en Fiyi para ese día; y una tarde a la orilla de la laguna en Buariki, con la marea entrando sobre los bajos, los niños en el agua y el canto del toddy desde las palmeras, es el Pacífico de antes, que es por lo que la Guía sostiene esta página como sostiene la de Funafala — con especial cariño, y por todo el tiempo que el atolón esté ahí.