La Laguna de Marovo
La laguna de Marovo es la laguna de agua salada más grande del mundo, según reclama su gente y pocos discuten: setecientos kilómetros cuadrados de agua en la Provincia Occidental de las Salomón, sostenidos entre las islas volcánicas de Nueva Georgia y Vangunu de un lado y, del otro, una doble barrera de islas de coral levantado — largas, bajas, boscosas — que corre cien kilómetros con el mar de las Salomón abierto más allá, y pasos por donde la marea entra y sale a chorros y los tiburones y las mantas se quedan colgados en la corriente. No tiene carreteras: todo se mueve en canoa y en lancha de fibra, desde la pista de Seghe que los Seabees americanos tendieron en diez días en 1943 hasta las aldeas de las islas y las orillas — Chea, Telina, Chubikopi, Batuna, la propia isla de Marovo — donde los talladores trabajan el ébano y la madera de queroseno en cuencos, peces y espíritus de proa de canoa con incrustaciones de concha de nautilo, el tallado más fino del Pacífico y su modo de vida. En la barrera, el Uepi Island Resort queda sobre el paso de Charapoana, uno de los grandes sitios de buceo del mundo; en Gatokae, al final de la laguna, la Wilderness Lodge la maneja la aldea de Peava; y el complejo entero está en la lista tentativa del Patrimonio Mundial desde 2008, esperando.
El viajero vuela de Honiara a Seghe en una hora en la avioneta, lo recibe una lancha, y le da a la laguna al menos cinco noches — en Uepi por el buceo y el esnórquel derecho desde el muelle al paso, donde están los tiburones; en una estadía de aldea o una lodge chica del lado de la laguna, donde se lo recibe con una tarifa a los dueños de la tierra y un lugar en la mesa; un día en lancha a las aldeas talladoras, donde las piezas se compran de las manos que las hicieron y los precios son quietos; los canales de manglar por los cocodrilos a distancia y las aves; una caminata al bosque de Vangunu; y, si puede, un sábado en una aldea adventista, cuando nada se mueve y el canto llega por el agua. Munda y la laguna de Roviana, con Gizo, son los vecinos al oeste, a una lancha o un vuelo.
La honestidad de la Guía: Marovo es remota y sus comodidades son simples — las lodges son madera y palma, la electricidad es solar y los horarios son los del sol, los vuelos son chicos y cambian, y el viajero trae efectivo en dólares salomonenses, paciencia y repelente; las aldeas son dueñas de la tierra y del agua, y las tarifas consuetudinarias, el sábado, la ropa modesta y el pedir permiso primero son las maneras del lugar; la laguna está bajo presión de la tala en Nueva Georgia y Vangunu que enturbia los ríos y los arrecifes, y el viajero que compra un tallado y duerme en una lodge de aldea está poniendo peso del otro lado de esa balanza; los cocodrilos son reales y se nada donde los aldeanos dicen; y el paso de Uepi con la marea entrando, con el agua tan clara que la lancha parece flotar sobre nada y los tiburones grises de arrecife girando abajo, es una de las grandes vistas del Pacífico submarino.