Vava'u
Vava'u son cincuenta islas en el norte de Tonga, acantilados de coral levantado y colinas verdes alrededor de un laberinto de canales tan resguardado que los navegantes del Pacífico llaman a su puerto el Puerto de Refugio desde que llegaron los españoles en 1781 — y es adonde vienen las ballenas jorobadas, entre julio y octubre, desde la Antártida a parir y a cantar en agua tibia y quieta: es uno de los pocos lugares de la Tierra donde un nadador puede entrar al agua con ellas, en grupos chicos bajo un guía con licencia, y flotar junto a una madre y su cría en el azul. Neiafu, el pueblo, queda al borde del puerto con el mercado, el muelle, los cafés donde se juntan las tripulaciones de los yates de la temporada, y el mirador del monte Talau arriba; las islas del sur guardan la cueva de las Golondrinas en Kapa, una catedral de luz a la que se entra en kayak, y la cueva de Mariner en Nuapapu, a la que se entra buceando bajo la roca hasta una cámara que se empaña y se aclara con el oleaje, nombrada por el muchacho inglés William Mariner que vivió aquí como tongano cuatro años después de 1806; el jardín botánico de ‘Ene'io guarda las plantas de la isla; y las islas exteriores — Hunga, Ovaka, las playas del arrecife del este — quedan a un día de vela y una noche de fondeo.
El viajero vuela desde Tongatapu en una hora, o toma el ferry nocturno, duerme en Neiafu o en una isla exterior, y le da a Vava'u de cuatro a seis noches: dos mañanas en el agua con las ballenas, porque una puede no traer nada y la segunda lo trae todo, con un operador que cumpla las reglas — un barco, cuatro nadadores, sin perseguir; un día de cuevas — la de las Golondrinas en kayak, la de Mariner para quien aguante la respiración por el túnel; el esnórquel de los Jardines de Coral; una navegación entre las islas con una noche fondeados; el mercado y la calma del domingo en Neiafu; y el mirador al atardecer con el puerto abajo y las luces de los yates encendiéndose. Los buzos suman las paredes del arrecife y el naufragio del Clan MacWilliam en el puerto.
La honestidad de la Guía: nadar con ballenas es un privilegio que las ballenas no concedieron, y el viajero que lo hace elige un operador con licencia y con conciencia, respeta las reglas, y acepta que las ballenas deciden el día; la temporada es corta y los barcos se llenan; los domingos en Tonga son de iglesia y descanso, y el viajero planea un día en que nada abre; el hospedaje es de casas de huéspedes y resorts chicos, los vuelos son pequeños y el ferry es largo; y una madre jorobada girando el ojo hacia un nadador en el agua azul de un canal de Vava'u, con la cría subiendo a respirar a su lado, es uno de los encuentros que cambian a una persona, que es por lo que la Guía sostiene esta página como sostiene pocas.