Salar de Uyuni
El Salar de Uyuni es la salina más grande de la Tierra — más de diez mil kilómetros cuadrados de blanco a 3.656 metros, el fondo de un lago prehistórico que se secó y dejó una costra de sal de metros de espesor sobre la mayor reserva de litio del mundo. En los meses secos se agrieta en hexágonos que se repiten hasta todos los horizontes; cuando las lluvias del verano le tienden una película de agua, se vuelve el espejo más grande del mundo, y el cielo se cae al suelo tan por completo que los caminantes parecen parados sobre nubes. El pueblo de Uyuni, un nudo ferroviario de 1889, es apenas la puerta.
El viajero cruza el blanco en 4×4 hasta Colchani, donde la sal todavía se corta en conos y los hoteles se construyen con ella; sube la Isla Incahuasi, un islote de coral varado en la sal y coronado de cactus de mil años; saluda al Tunupa, el volcán que vigila desde la orilla norte; fotografía los juegos de perspectiva que la planicie invita; visita el cementerio de trenes, donde las locomotoras del siglo minero se oxidan al viento; y sigue al sur por el circuito clásico de tres días — lagunas de colores, flamencos, géiseres al alba — hasta la frontera con Chile.
El consejo práctico de la Guía: esto es tierra alta — llegue despacio, beba más de lo que cree, y deje que el mate de coca o de muña haga su trabajo callado —; el sol sobre la sal quema desde abajo tanto como desde arriba, así que gafas y crema no son opcionales; las noches de junio y julio bajan a veinte grados bajo cero, y los hospedajes sencillos del circuito no se calientan como hoteles; elija al operador por el estado del vehículo y la sobriedad del conductor, no por el precio; y el efectivo manda en el altiplano.