Santa Marta y Tayrona
Santa Marta guarda el récord geográfico más descarado del continente: la montaña costera más alta del mundo a cuarenta kilómetros de la playa. Del mar de los cruceros a la nieve de los arhuacos corre una sola carretera por cinco pisos térmicos, y en el medio está la ciudad más vieja de Colombia — fundada en 1525, ya lo vio pasar todo, y por eso no se apura.
El viajero sensato la usa como puerto: el centro y su malecón para la primera tarde; Taganga para el buceo barato de bautismo; El Rodadero si viajan niños; y el Tayrona — innegociable — para caminar entre selva y calas hasta el Cabo San Juan, donde se duerme en hamaca y se amanece con la marea.
La honestidad de la Guía: el Tayrona cierra tres veces al año para que la Sierra respire — pausas que piden sus cuatro pueblos originarios, y se respetan: revise fechas antes de armar el viaje —; la Ciudad Perdida exige cuatro días de barro y devuelve cada uno; y el mar samario es más bravo de lo que aparenta: donde no hay bandera, no hay nado.