Georgetown
Georgetown es la capital de madera del Caribe continental: catedrales blancas armadas como barcos, casas sobre pilotes y canales holandeses que mantienen a raya al océano — porque la ciudad vive por debajo de su nivel, detrás de un malecón donde sopla el mismo viento todas las tardes. Aquí el Caribe habla inglés con dejo criollo y desayuna curry.
El viajero sensato camina temprano: St. George's, entre las catedrales de madera más altas del mundo; el mercado de Stabroek bajo su reloj de hierro; los jardines botánicos con manatíes dormitando en los estanques. La tarde es del seawall, adonde sale Georgetown entera cuando baja el sol. Y desde aquí se salta al interior: las cataratas de Kaieteur, cinco Niágaras de alto, a una avioneta de distancia.
La honestidad de la Guía: la ciudad es la puerta y el país es el premio — reserve la avioneta a Kaieteur antes que el hotel —; el centro se camina de día y en compañía, con la malicia normal de puerto viejo; y el pepperpot no se cuestiona, se acepta: es el plato nacional, y una lección de paciencia amerindia.