Asunción
Asunción es la Madre de Ciudades — de aquí salieron las expediciones que fundaron media región, Buenos Aires incluida — y lleva el título sin apuro, tomando tereré a la sombra de los lapachos. Es una capital de patios y de siesta, bilingüe de nacimiento: el guaraní no es reliquia sino lengua de todos los días, del mercado al meme.
El viajero sensato camina el centro histórico temprano: el Panteón, la Casa de la Independencia, el Palacio de López asomado a la bahía. Cuando el calor aprieta, la Costanera y su brisa; al caer la tarde, Loma San Jerónimo, el barrio pintado que se volvió mirador. Y el Mercado 4, para entender que la ciudad entera cabe en un solo laberinto con chipa caliente.
La honestidad de la Guía: el verano paraguayo no se pelea — de noviembre a marzo la agenda se arma de mañana y de noche, con siesta constitucional al medio —; el tereré es rito compartido bajo las mismas leyes del mate; y la ciudad guarda sus tesoros sin vitrina: pregunte, que el asunceno explica con orgullo de dueño de casa.