Kiev
Kiev se bautizaba en el Dniéper cuando Moscú era todavía bosque: quince siglos de cúpulas doradas sobre colinas verdes, castaños que la ciudad planta como promesas, las campanas de Santa Sofía, y las cuevas de la Lavra donde los monjes rezan desde antes de que la palabra Ucrania se escribiera. Es una de las capitales más viejas de Europa y — el presente lo ha dejado claro — una de las más valientes.
Esta es una postal escrita con amor y paciencia en la misma mano: la guerra todavía escribe las mañanas allá, y la Guía no envía viajeros adonde las sirenas mandan más que las campanas. Lo que aconsejamos es apoyar desde lejos — leer a sus poetas, aprender su historia, cocinar el borsch que la UNESCO ya protege, escribir su nombre como Kyiv — y dejar que la añoranza acumule intereses.
La honestidad de la Guía, que aquí es un voto: esta página es una promesa. Cuando el cielo sobre el Dniéper vuelva a ser de los vencejos y las campanas, esta postal se abrirá como las demás — las puertas de abajo se llenarán de barrios, mesas y paseos, y los primeros viajeros de regreso encontrarán una ciudad que aprendió el precio entero de sus mañanas. Pocos lugares en la Tierra merecerán más la visita.