Paramaribo
Paramaribo es un experimento que salió hermoso: una ciudad holandesa de madera blanca y negra plantada en el trópico, donde una mezquita y una sinagoga comparten pared y estacionamiento, y el sranan tongo teje en una sola lengua lo que trajeron cinco continentes. La UNESCO guarda el casco; el río Surinam le sostiene el espejo.
El viajero sensato camina el Waterkant y el fuerte Zeelandia con la primera luz, cuando la madera blanca brilla; cruza el mercado central — mitad feria, mitad cátedra de especias —; y toma una lancha por la tarde para ver la ciudad flotar sobre su río. El domingo al alba, con suerte, aparecen los concursos de canto de aves en las plazas: jaulas, silbidos y apuestas suaves.
La honestidad de la Guía: Paramaribo es dulce y breve — dos días la honran — y el resto del país es selva con nombres de río: Brownsberg, el alto Surinam, los pueblos cimarrones que guardan África viva en América. Contrate el viaje río arriba con los operadores de las propias comunidades: mejor viaje y mejor justicia.